jueves, noviembre 05, 2009

 

TRATAMIENTO DE BELLEZA

Con el paso de los años la vieja se sentía cada vez más feliz. “Parece que tienes un ángel de la guarda, mamá”, decía la hija sin saber que los ángeles se escondían entre sus arrugas, “todo te va bien y te veo tan contenta”. Un día, a la anciana, se le alisó la piel de lo bien que estaba; los ángeles cayeron al suelo. La falta de entrenamiento en sus acomodadas vidas, acumulada durante décadas, impidió que desplegaran sus alas.

J.


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