martes, junio 26, 2007
No tienes ni idea
-No tienes ni idea de lo que estás diciendo- dijo Eli en voz alta tras el silencio que su mano necesitaba para cortar la última esquina de la uña de su pie –claro que, respecto a mi madre, vas a seguir pensando lo que quieras, pero, por favor, ahórrame tener que escuchar tus delirios.
Estaba desnuda frente al vapor del espejo del cuarto de baño, agarrándose el pie, apoyada en la tapa de la taza del inodoro con una mano mientras con la otra blandía las tijeras y las hacía sonar en los cortos viajes de dedo a dedo. Acababa de salir de la ducha y escuchaba la conversación que mantenían su cuñado y su hermana en el salón a través de la puerta entreabierta del baño.
-Ya estamos metiéndonos en lo que no nos importa, Eli- le gritó Luis Atienza, a quien sus amigos llamaban Atila cuando creían que no escuchaba- esto es entre tu hermana y yo, y si acaso, también tu madre, joder, que no pierde el tiempo en cuanto ve el momento de criticar y ponerme a parir.
-Y la mayoría de las veces con razón, bestia – contestó Eli en voz suficientemente baja para que no saliera del baño.
Cerró la puerta con el codo mientras una tira de uña recién cortada caía dibujando una elipse aérea en dirección al suelo.
JC decía que en la heroína estaba la ciencia de los antiguos, porque de verdad entraba con sangre. Que cosas más extrañas se aparecen en la mente de alguien que no quiere pensar en el puro presente, ¿por qué me acuerdo de eso ahora? Eso pensaba Eli en este momento y dos segundos después estaba tarareando y haciendo gestos de lado en el espejo, mirándolo como si no quisiera que el espejo se diera cuenta de que lo miraba.
¿Quién era JC? Un pensamiento peregrino pasó por la mente de Eli preguntando y, al no encontrar respuesta, siguió su viaje.
Que ingenioso el JC, la verdadera ciencia de los antiguos, desde luego, a él le hizo todo un catedrático del fango, el pobre, al principio todas esas apologías orgullosas, cómo despreciaba a los que no entendían o no seguían o simplemente no estaban interesados en todas esas sustancias que a él le fascinaban como a un estudiante de química le fascina la tabla periódica.
Eso fue al principio: cómo se despreciaba a sí mismo la última vez que le vi, con la cara toda negra de días y días de mugre y calle, sus harapos, sus ojos claros atravesando el tiempo…
¿Por qué me estoy acordando ahora de él? Son los gritos de Luis, que de alguna forma me lo han recordado. ¿Por qué?
El problema de mi cuñado es que no quiere escuchar a nadie, pensó, pero eso también es el problema de medio mundo. Si, pero quien grita y me jode es mi cuñado, o quizá también medio mundo, en realidad es eso, medio mundo jode al otro medio y viceversa, como si hubiéramos nacido para molestarnos, para no tener ni puta idea de nada pero imponer nuestra ignorancia a los que sospechan de nosotros, quienes, a su vez, quieren tener razón e imponérsela a otros y así sucesivamente.
Mi cuñado (que debe venir de cuña, de metido a la fuerza, contra natura) es posible que heredara esa burricie de sus padres y ellos a su vez de los suyos, generaciones de humanos llenos de buena voluntad que sufrieron los avatares de la vida y tuvieron que cubrir de la manera que pudieron sus necesidades. Generaciones sucesivas llenas de sorpresa y asombro ante la vida y el mundo que, al final, respondieron a sus preguntas con lo primero que tenían a mano: los prejuicios de sus padres y vecinos, las creencias que a otros habían servido para sobrevivir de la manera más básica, más animal, más temerosa.
A unos les sirve y les conforma, a otros no y buscan, no se si más allá o más acá, pero buscan, buscamos. La pregunta es si encontramos algo diferente.
Este pelo ya me está cargando, me lo voy a cortar, no puedo esperar todos los días a que le dé la gana secarse y ver que forma le apetece tomar.
J.M.
Estaba desnuda frente al vapor del espejo del cuarto de baño, agarrándose el pie, apoyada en la tapa de la taza del inodoro con una mano mientras con la otra blandía las tijeras y las hacía sonar en los cortos viajes de dedo a dedo. Acababa de salir de la ducha y escuchaba la conversación que mantenían su cuñado y su hermana en el salón a través de la puerta entreabierta del baño.
-Ya estamos metiéndonos en lo que no nos importa, Eli- le gritó Luis Atienza, a quien sus amigos llamaban Atila cuando creían que no escuchaba- esto es entre tu hermana y yo, y si acaso, también tu madre, joder, que no pierde el tiempo en cuanto ve el momento de criticar y ponerme a parir.
-Y la mayoría de las veces con razón, bestia – contestó Eli en voz suficientemente baja para que no saliera del baño.
Cerró la puerta con el codo mientras una tira de uña recién cortada caía dibujando una elipse aérea en dirección al suelo.
JC decía que en la heroína estaba la ciencia de los antiguos, porque de verdad entraba con sangre. Que cosas más extrañas se aparecen en la mente de alguien que no quiere pensar en el puro presente, ¿por qué me acuerdo de eso ahora? Eso pensaba Eli en este momento y dos segundos después estaba tarareando y haciendo gestos de lado en el espejo, mirándolo como si no quisiera que el espejo se diera cuenta de que lo miraba.
¿Quién era JC? Un pensamiento peregrino pasó por la mente de Eli preguntando y, al no encontrar respuesta, siguió su viaje.
Que ingenioso el JC, la verdadera ciencia de los antiguos, desde luego, a él le hizo todo un catedrático del fango, el pobre, al principio todas esas apologías orgullosas, cómo despreciaba a los que no entendían o no seguían o simplemente no estaban interesados en todas esas sustancias que a él le fascinaban como a un estudiante de química le fascina la tabla periódica.
Eso fue al principio: cómo se despreciaba a sí mismo la última vez que le vi, con la cara toda negra de días y días de mugre y calle, sus harapos, sus ojos claros atravesando el tiempo…
¿Por qué me estoy acordando ahora de él? Son los gritos de Luis, que de alguna forma me lo han recordado. ¿Por qué?
El problema de mi cuñado es que no quiere escuchar a nadie, pensó, pero eso también es el problema de medio mundo. Si, pero quien grita y me jode es mi cuñado, o quizá también medio mundo, en realidad es eso, medio mundo jode al otro medio y viceversa, como si hubiéramos nacido para molestarnos, para no tener ni puta idea de nada pero imponer nuestra ignorancia a los que sospechan de nosotros, quienes, a su vez, quieren tener razón e imponérsela a otros y así sucesivamente.
Mi cuñado (que debe venir de cuña, de metido a la fuerza, contra natura) es posible que heredara esa burricie de sus padres y ellos a su vez de los suyos, generaciones de humanos llenos de buena voluntad que sufrieron los avatares de la vida y tuvieron que cubrir de la manera que pudieron sus necesidades. Generaciones sucesivas llenas de sorpresa y asombro ante la vida y el mundo que, al final, respondieron a sus preguntas con lo primero que tenían a mano: los prejuicios de sus padres y vecinos, las creencias que a otros habían servido para sobrevivir de la manera más básica, más animal, más temerosa.
A unos les sirve y les conforma, a otros no y buscan, no se si más allá o más acá, pero buscan, buscamos. La pregunta es si encontramos algo diferente.
Este pelo ya me está cargando, me lo voy a cortar, no puedo esperar todos los días a que le dé la gana secarse y ver que forma le apetece tomar.
J.M.