miércoles, junio 20, 2007
LOST BLUE ( O ¿Era Hegel Daltónico?)
El cuervo pasó sobre mi cabeza y dejó un rastro sonoro en el aire rojo del atardecer. Cruzó el campo de rosas negras , manchado en su centro por el cadáver aún fresco, y justo a su final, antes de elevarse y desaparecer, vi caer desde su pico una violeta.
En el otro extremo, una mujer tendía al sol un vestido de terciopelo azul con encajes morados. Manejaba las pinzas ,la cuerda y el delicado tejido mojado con una sorprendente habilidad: sus dedos parecían un duelo de estrellas.
Un pedazo de sol abandonó su estertor cotidiano al viajar resignado hacia la noche.
Al rozar las flores negras, la luz mortecina despertó un haz de pensamientos. Subían hacia el cielo con todas las formas, impregnados de todos los colores. Desde mi lugar, en el borde de la alfombra cereza y oro que flanqueaba el campo de rosas ,
veía elevarse la desesperanza, el deseo, la sonrisa del final del día y el recuerdo de lo que realmente nunca pasó, del sueño perdido en las curvas del tiempo. Abajo, entre las espinas , se enradaba preso el secreto inconfesable ,que corta de raíz el aliento, que inunda nuestros ojos de piel y besos.
En el nacimiento de aquella noche, ningún pensamiento azul alcanzó el cielo .
Miré el cadáver blanquecino , tendido en el mar negro de rosas . Me alejé rápido, con mi boca ensangrentada por un escalofrío.
Huía camino de las luces de neón que señalaban la Ciudad Perdida.
En el otro extremo, una mujer tendía al sol un vestido de terciopelo azul con encajes morados. Manejaba las pinzas ,la cuerda y el delicado tejido mojado con una sorprendente habilidad: sus dedos parecían un duelo de estrellas.
Un pedazo de sol abandonó su estertor cotidiano al viajar resignado hacia la noche.
Al rozar las flores negras, la luz mortecina despertó un haz de pensamientos. Subían hacia el cielo con todas las formas, impregnados de todos los colores. Desde mi lugar, en el borde de la alfombra cereza y oro que flanqueaba el campo de rosas ,
veía elevarse la desesperanza, el deseo, la sonrisa del final del día y el recuerdo de lo que realmente nunca pasó, del sueño perdido en las curvas del tiempo. Abajo, entre las espinas , se enradaba preso el secreto inconfesable ,que corta de raíz el aliento, que inunda nuestros ojos de piel y besos.
En el nacimiento de aquella noche, ningún pensamiento azul alcanzó el cielo .
Miré el cadáver blanquecino , tendido en el mar negro de rosas . Me alejé rápido, con mi boca ensangrentada por un escalofrío.
Huía camino de las luces de neón que señalaban la Ciudad Perdida.