jueves, enero 25, 2007
En la sierra, la nieve, me mostró una nueva dimensión, vieja como el mundo, desconocida para muchos y a duras penas superviviente. Reza así: "Día de nieve, día de fiesta"
Claro. No podía ser de otra manera.
Los cepillos y palas se desperezan temprano para abrir caminos, limpiar terrazas, puertas, coches, aceras... pero ya hace años que, más tarde o más temprano, según el estado de las carreteras, todo recobra el ritmo habitual.
Esta mañana, la dependienta del super, se ha retirado el teléfono de la oreja, un momento, al verme entrar en la tienda, para decirme "No ha venido el pan".
Una amplia sonrisa de satisfacción a brotado de mis labios desde el inicio de la frase con la palabra "no".
Acto seguido, me han llamado del trabajo: "No vengas, ya nos apañamos".
He entrado al bar pegado a la panadería a tomar un café. Allí estaba P., contento por la nieve, como un niño de párbulos y C., como una cara de asqueo hasta el suelo por el mismo motivo.
"Antiguamente", me cuenta este hombre, como cada invierno "cuando nevaba, todos abandonaban sus tareas. No había colegio, se hacia pausa en el trabajo... nos juntábamos todos y lo pasábamos tan bien.. comiendo, alternando, jugando en la calle... No había quitanieves". Cocluye su explicación y observa desde la barra, por la puerta abierta del local, como ajisca. Palabra que no he encontrado en el diccionario. Luego alza la bara que le sirve de apoyo para desperdirse y se marcha.
Yo, después de revolcarme por la nieve con los perros, decido irme a trabajar: sé que ni el autobús escolar ni el de línea han pasado esta mañana por su ruta, pero también sé que, despacito, puedo llegar con el coche cuatro pueblos más allá.
Hemos pactado: hoy sólo trabajo de mañana. Esta tarde, me voy a recuperar tradiciones.
smc.
Claro. No podía ser de otra manera.
Los cepillos y palas se desperezan temprano para abrir caminos, limpiar terrazas, puertas, coches, aceras... pero ya hace años que, más tarde o más temprano, según el estado de las carreteras, todo recobra el ritmo habitual.
Esta mañana, la dependienta del super, se ha retirado el teléfono de la oreja, un momento, al verme entrar en la tienda, para decirme "No ha venido el pan".
Una amplia sonrisa de satisfacción a brotado de mis labios desde el inicio de la frase con la palabra "no".
Acto seguido, me han llamado del trabajo: "No vengas, ya nos apañamos".
He entrado al bar pegado a la panadería a tomar un café. Allí estaba P., contento por la nieve, como un niño de párbulos y C., como una cara de asqueo hasta el suelo por el mismo motivo.
"Antiguamente", me cuenta este hombre, como cada invierno "cuando nevaba, todos abandonaban sus tareas. No había colegio, se hacia pausa en el trabajo... nos juntábamos todos y lo pasábamos tan bien.. comiendo, alternando, jugando en la calle... No había quitanieves". Cocluye su explicación y observa desde la barra, por la puerta abierta del local, como ajisca. Palabra que no he encontrado en el diccionario. Luego alza la bara que le sirve de apoyo para desperdirse y se marcha.
Yo, después de revolcarme por la nieve con los perros, decido irme a trabajar: sé que ni el autobús escolar ni el de línea han pasado esta mañana por su ruta, pero también sé que, despacito, puedo llegar con el coche cuatro pueblos más allá.
Hemos pactado: hoy sólo trabajo de mañana. Esta tarde, me voy a recuperar tradiciones.
smc.